Fábula. La tarjeta gráfica que pedía a gritos una buena configuración

Hasta ahora pocas veces me había preocupado de la configuración de la tarjeta gráfica o de si necesitaba instalar algún driver especial. Con la configuración mínima de la instalación estandar me valía. Al menos, hasta hace poco me funcionaba relativamente bien. Pero al instalar Kubuntu 6.10 noté que la CPU no me bajaba del 30%, sin tener ninguna aplicación abierta, solo con el escritorio KDE recien abierto. Esto hacía que a nada que abría un par de aplicaciones la CPU subiese como la espuma y que a mi pobre ordenador le entrase un buen sofocón. Vale que ya está un poco viejillo, porque la tecnología avanza muy deprisa hoy en día, quizás demasiado, pero esta “menopausia precoz” no me parecía normal.

Investigando qué es lo que provocaba este calentón, y como era de esperar, ya que no había más aplicaciones funcionando, un pajarito (# top) me dijo que era culpa de X.Org. Buscando por ahí alguien me comentó que podía ser cosa de la tarjeta gráfica, así que me fuí a la página de NVIDIA (la marca era de lo poco que sabía de mi tarjeta, no conocía ni el modelo ni nada más) y descargué el driver que más o menos (siguiendo los pasos de selección) creí que podría ser el que necesitaba. Las instrucciones de instalación las dan en la misma página y son realmente sencillas. En el fondo creo que nunca me había puesto a configurar la gráfica porque pensaba que sería complicado encontrar el driver que necesitaba (para empezar no tenía ni idea del modelo de mi gráfica) y luego instalarlo y configurarlo, pero estaba muy equivocada.

Resultó que el driver que me había bajado no era el que necesitaba mi tarjeta. “Vaya! ya empezamos con los problemas…” pensé, pero no, al contrario. El mismo proceso de instalación me indicó cual era el que le correspondía a mi tarjeta y hasta me dijo el modelo (más o menos). Volví a la página de NVIDIA, elegí correctamente el driver, lo descargué y empecé a instalarlo. Me apareció algún aviso de que necesitaba instalar algo, yo le daba a todo OK (no es recomendable hacer esto a ciegas, leed antes un poco lo que dicen los mensajes, no vayais a fastidiar algo importante) y aunque según el instalador necesito la versión de mi distribución para algo de Xorg, que todavía no he buscado (está en tareas pendientes), al reiniciar el ordenador y el escritorio KDE, mi sorpresa y alegría ha sido mayúscula. La CPU ahora anda por los suelos y mi ordenador ya “respira” tranquilo.

Yo que ya estaba pensando que el pobre necesitaba prejubilarse, utilizar algún escritorio más ligero o alguna distro más antigua…

¿Que me/nos enseña esto? o dicho de otra forma, moraleja…:

A pesar de lo que hayas oido o te hayan dicho de lo dificil que es configurar Linux, no lo creas (como todo) hasta no haberlo probado por tí mismo. Y aún así, si se te ha hecho tedioso o dificil configurar o conseguir algo, nunca dejes de intentarlo, porque a veces las cosas pueden resultar más sencillas de lo que en un principio pensábamos o aparentaban. No te des por vencido/a en el primer asalto.

 

P.D. Podría decir que ésta ha sido la razón por la que llevo casi dos semanas sin escribir, pero: 1.) dudo que muchos me creyeran, y 2.) estaría mintiendo.

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